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La evolución de la IA que veremos en 2026: de la asistencia a la ejecución

Durante 2025, la inteligencia artificial dejó de ser una herramienta experimental o meramente asistencial y comenzó a integrarse como parte operativa de las empresas, ejecutando tareas reales dentro de los flujos de trabajo. Según McKinsey, el 88% de las organizaciones ya utiliza IA de forma regular en al menos una función del negocio, reflejando una adopción en fase de madurez. En ese marco, Laburen.com destaca el salto hacia agentes de IA capaces de conectarse a sistemas internos y operar de manera autónoma bajo reglas definidas, no solo analizando información sino actuando sobre ella. Un caso concreto mostró cómo un agente procesó casi 20.000 interacciones en 10 días, automatizando atención, reservas y seguimiento, liberando más de 1.600 horas de trabajo humano para tareas estratégicas. De cara a 2026, el foco se desplaza hacia agentes específicos e integrados en aplicaciones empresariales: Gartner proyecta que el 40% de las apps contará con estos agentes. El diferencial ya no será “usar IA”, sino diseñar sistemas donde la ejecución automática y el criterio humano convivan dentro del mismo proceso.

Nota sobre cómo la inteligencia artificial evoluciona en 2026 y pasa de asistir a ejecutar tareas dentro de las empresas.

Durante 2025, la inteligencia artificial dejó de ser algo experimental para convertirse en una herramienta operativa dentro de las empresas. Si en años anteriores la IA se usaba principalmente para asistir o analizar información, este año marcó un cambio claro: empezó a ejecutar tareas reales, integrándose de forma directa a los flujos de trabajo.

Los datos reflejan este avance. Según el último relevamiento de McKinsey, el 88 % de las organizaciones a nivel global ya utiliza IA de manera regular en al menos una función del negocio, una señal clara de que la adopción entró en una fase de madurez.

Para Laburen.com, plataforma especializada en el desarrollo de agentes de IA para empresas, 2025 fue el año en que muchas organizaciones dieron el paso del uso puntual de IA a su incorporación estructural dentro de los equipos.

“Durante mucho tiempo la IA fue vista como algo que sugiere o asiste. En 2025 vimos el salto al siguiente nivel: agentes que usan IA, pero además se conectan a sistemas y aplicaciones para ejecutar tareas concretas”, explica Sebastián Rinaldi, fundador de Laburen.com.

A diferencia de los asistentes tradicionales, los agentes de IA funcionan como IA ejecutora: pueden interactuar con CRMs, agendas y herramientas internas, operar bajo reglas definidas y escalar decisiones cuando es necesario. No sólo procesan información: actúan sobre ella.

Ese cambio ya se refleja en la práctica. Un agente de IA diseñado por Laburen.com para atención y gestión comercial procesó casi 20.000 interacciones con clientes en apenas 10 días, un volumen que, de haberse gestionado de forma manual, habría requerido más de 1.600 horas de trabajo operativo. Durante ese período, el agente no solo atendió consultas, sino que ejecutó tareas operativas completas —como la gestión de reservas, la actualización de estados y el seguimiento de casos— integrándose de forma directa a los sistemas internos de la empresa.

La implementación no implicó reemplazos, sino una reorganización del trabajo. Mientras el agente absorbía la mayor parte de las consultas repetitivas y operativas, el equipo humano pudo enfocar esas horas liberadas en tareas de mayor valor, como el seguimiento de casos complejos, la mejora de procesos internos y la supervisión del servicio.

Con el cierre de 2025, el foco empieza a correrse hacia lo que viene. Según la consultora Gartner, en 2026 el 40% de las aplicaciones empresariales contará con agentes de IA específicos para cada tarea, frente a menos del 5% actual, consolidando un modelo donde la IA deja de ser genérica y pasa a estar profundamente integrada en los sistemas de trabajo.

“En 2026 no vamos a hablar de ‘usar IA’, sino de cómo se diseñan sistemas donde la ejecución automática convive con el criterio humano. Los agentes van a estar embebidos en las aplicaciones, y las personas van a concentrarse en decidir, priorizar y supervisar”, sostiene Rinaldi.

El balance que deja 2025 es claro: la inteligencia artificial empezó a trabajar en serio dentro de las empresas. Y en 2026, el verdadero diferencial no va a ser adoptar IA, sino cómo se integran agentes ejecutores con equipos humanos dentro del mismo flujo de trabajo.

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